Economistas y Fedea solicitan disminuir barreras regulatorias para impulsar el crecimiento de las pymes

La necesidad de simplificar la regulación para potenciar las pymes en España

En el actual panorama económico español, la discusión sobre la productividad y el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas (pymes) se ha vuelto crucial. ¿Por qué, a pesar de contar con un tejido empresarial tan diverso, seguimos viendo una brecha de productividad tan marcada en comparación con otras economías europeas? La respuesta está en las barreras regulatorias y en un marco normativo que, en muchos casos, desincentiva el crecimiento.

Las barreras que limitan el crecimiento empresarial

Durante un reciente evento, expertos del Consejo General de Economistas de España y de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada expusieron su visión sobre cómo la excesiva regulación afecta a las pymes. La realidad es que muchas de estas empresas, ante la complejidad del entorno normativo, optan por «mantenerse pequeñas» en lugar de arriesgarse a escalar. ¿Quién no ha sentido que el papel y las licencias son más una carga que un apoyo?

El director ejecutivo de Fedea, Ángel de la Fuente, enfatizó la urgencia de crear instituciones que garanticen seguridad jurídica para la inversión. Sin un entorno donde la inversión no se vea ahogada por una maraña de regulaciones, es difícil que las pymes puedan competir en igualdad de condiciones con las grandes empresas, que son, por cierto, aproximadamente dos veces más productivas.

La atomización del tejido productivo y sus consecuencias

Uno de los puntos más críticos que surgió durante la jornada fue la atomización del tejido productivo español. Según los datos, este fenómeno puede explicar hasta un 75% de la brecha de productividad con respecto a Alemania. Entonces, ¿qué significa esto en términos prácticos? Significa que, mientras las grandes empresas son competitivas a nivel europeo, las microempresas luchan por sobrevivir a un entorno que no les favorece.

Antonio García Rebollar, un experto en economía, reveló un dato alarmante: el 30,6% de las horas trabajadas en España se concentran en sectores como el comercio y la hostelería, que son los que menos valor añadido generan. En contraste, la industria, que sí aporta un crecimiento significativo en productividad, solo representa el 12,4% del empleo. Este desajuste no solo limita el potencial de crecimiento, sino que también afecta a la economía en su conjunto.

La importancia de la internacionalización

Para cambiar este rumbo, es vital aumentar la internacionalización de las empresas españolas. La exportación de servicios no turísticos ha crecido un 34,4% en 2025, lo que muestra que hay un potencial enorme que aún no se ha explotado. Si logramos conectar a nuestras pymes con los mercados internacionales, podríamos ver un cambio drástico en su productividad y, por ende, en la salud económica del país.

Inversión en tecnología y formación continua

Otro tema candente en el encuentro fue la baja inversión en maquinaria y tecnología en España. Desde 2002, este indicador ha crecido solo un 15%, en comparación con el 50% de la Unión Europea. ¿Cómo podemos esperar que nuestras empresas sean competitivas si no están equipadas con las herramientas necesarias para innovar y prosperar?

La inversión pública también deja mucho que desear, con solo un 2,9% del PIB en 2025, muy por debajo de la media comunitaria. Miguel Ángel Vázquez Taín, presidente del CGE, subrayó que es fundamental combinar mejor todos los recursos disponibles y dirigirlos hacia usos de mayor valor añadido. Y aquí entra un aspecto crucial: la implicación de los trabajadores. Los aumentos en la eficiencia deben traducirse en mejoras salariales, creando así un círculo virtuoso que beneficie a todos.

La necesidad de una reforma educativa

Por último, se destacó la urgencia de implementar una reforma educativa y de formación continua que se mantenga constante, más allá de los cambios políticos. Dotar a la población de competencias digitales e inteligencia artificial es esencial para cerrar la brecha de capital humano que aún tenemos. Con un alto nivel de conectividad y buenas infraestructuras, el potencial de España es inmenso, pero necesitamos preparar a nuestra fuerza laboral para aprovecharlo al máximo.

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