Las gestoras cuestionan si las recompras del Tesoro de EEUU limitarán el rendimiento de los bonos

La compleja situación económica de Estados Unidos y sus efectos en los tipos de interés

En un escenario donde la guerra en Irán, el gasto masivo en inteligencia artificial y el aumento del endeudamiento se entrelazan, la economía estadounidense enfrenta desafíos mayúsculos. Estos factores se han convertido en pesadas cargas que hacen dudar sobre la posibilidad de una reducción sostenida de los tipos de interés a largo plazo. ¿Qué significa esto para los inversores y el mercado en general?

Las operaciones de recompra de bonos y su impacto

Recientemente, el Tesoro de Estados Unidos anunció su decisión de duplicar las operaciones de recompra de bonos del Estado, superando los 4.000 millones de dólares entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre. Aunque inicialmente esto provocó una ligera caída en los rendimientos de las obligaciones del país, muchos analistas, como los de Robeco, cuestionan la efectividad de esta medida a largo plazo. ¿Puede realmente el gobierno contener el alza de los rendimientos con este tipo de intervenciones?

A pesar de que el ‘yield’ a 30 años bajó temporalmente a un 5,18%, la realidad es que los rendimientos ya comenzaron a repuntar poco después, lo que indica que el alivio podría ser pasajero. Eoin Walsh, gestor de carteras de Twenty Four AM, argumenta que aunque hay cierta esperanza de que estas medidas proporcionen un respiro, los factores que podrían llevar a una caída significativa de los rendimientos son limitados. ¿Estamos ante un juego de gato y ratón entre el Tesoro y el mercado?

La composición de la deuda y sus implicaciones

Uno de los aspectos que preocupa a los analistas es la composición de la deuda pública, que ha superado los 40 billones de dólares, lo que representa un 123% del PIB. Para tratar de controlar los rendimientos a largo plazo, los expertos sugieren un reajuste en la emisión de deuda. Sin embargo, acortar la madurez promedio del financiamiento podría traer consigo un costo elevado, ya que aumentaría la sensibilidad de los pagos de intereses a las políticas monetarias de la Reserva Federal. ¿Realmente vale la pena arriesgarse en este sentido?

La crítica de Eiko Sievert de Scope Ratings es clara: aunque la sustitución de bonos a largo plazo por instrumentos de deuda a corto plazo podría ofrecer un alivio temporal, también incrementaría el riesgo de refinanciación futura. En otras palabras, es como intentar tapar una filtración en el techo con una manta; el problema podría reaparecer más adelante, y con más fuerza.

Los retos fiscales y la guerra en Oriente Próximo

Las recompras de bonos no abordan los problemas fiscales subyacentes de Estados Unidos. Con un déficit presupuestario estimado en un 6,3% del PIB para 2026, las preocupaciones sobre la deuda continúan creciendo. La situación podría mejorar si se lograra un alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, lo que facilitaría la apertura del estrecho de Ormuz y podría llevar a precios de energía más bajos. ¿Estamos realmente a merced de la geopolítica en esta cuestión?

Sin embargo, Walsh advierte que, incluso si se logra un acuerdo de paz, los rendimientos podrían estabilizarse alrededor del 4,5% hasta que se demuestre que la inflación está en una trayectoria descendente. La incertidumbre persiste, y el camino hacia la estabilidad financiera parece estar plagado de obstáculos.

La presión inflacionista del gasto en inteligencia artificial

Aparte del conflicto bélico, el creciente endeudamiento ligado a la inversión en inteligencia artificial se ha convertido en otro factor inflacionista. Las empresas hiperescaladoras están compitiendo con los bonos del Tesoro por el capital de los inversores, lo que podría llevar a la necesidad de ofrecer rendimientos más atractivos. Esto, a su vez, podría aumentar la presión sobre los rendimientos de la deuda pública. ¿Podría la búsqueda de innovación convertirse en un arma de doble filo para el mercado?

En este complejo entramado, la necesidad de un crecimiento económico más débil podría ser la clave para mitigar las presiones inflacionistas. Sin embargo, la probabilidad de que se produzcan déficits más bajos y una reducción de la emisión de deuda en el corto plazo parece lejana. En definitiva, la economía estadounidense navega por aguas turbulentas, y las decisiones que se tomen en los próximos meses serán cruciales para determinar su rumbo.

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